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Aún no tengo amigos PDF Imprimir E-Mail

Soy de Guatemala. Llevó poco tiempo en España. Vivo bien aunque aún compartiendo casa entre compatriotas. Desde que vine encontré gracias a ellos un buen trabajo. Mis compañeros de labores son todos españoles, comparto muchas horas al día con ellos. Nos llevamos muy bien. Hasta la fecha no tengo queja de ninguno, ni ellos sobre mí. Pero sé que aún ninguno me considera buen compañero o me tiene por amigo pues no me invitan a sus casas. Yo no puedo hacerlo, como quisiera, porque no tengo un espacio para compartir sólo con mis invitados. Eso sí, nuestras conversaciones a veces giran en torno a nuestras vidas, pero sólo las compartimos a la hora de la comida (almuerzo) en los restaurantes y los bares. ¿Me faltará mucho para hacerme realmente amigos españoles en este país?. Edgar

El protagonista de este relato seguramente se siente desorientado, frustrado y confundido porque pese a sentir que se lleva bien con sus compañeros de trabajo (que son de una cultura distinta a la suya) no consigue de ellos la respuesta esperada por él, que es ser invitado como símbolo o sello de amistad a sus respectivas casas, de manera que quede esclarecido para sí mismo que es reconocido y aceptado, es decir, que goza de relaciones de amistad y de confianza.

Es claro que no tiene un desconcierto por competencias lingüísticas del idioma, porque maneja la misma lengua materna, más bien le falta lo que Van Hooft y Korzilius (2001), definen como competencia intercultural, que es “el nivel de conocimientos, la comprensión adquirida y el nivel de aceptación de las diferencias o divergencias culturales"

En ese sentido, se puede interpretar, que el protagonista aunque actúa de forma flexible y adecuada a su propósito de hacer y tener amigos, en la medida que consigue tratar temas personales con sus compañeros de trabajo durante las horas de la comida, tiene serias dificultades con la interpretación de los códigos de comportamiento respecto a la amistad de sus compañeros socializados en la cultura española.

Desconoce, claves culturales importantes en ese sentido, tales como: los españoles, por lo general, suelen ir con las personas que le son afines y cercanas a los cafés, bares o restaurantes, y de esa manera se muestran cercanos y amistosos.

Mucho más cercanos se muestran, cuando las conversaciones ya giran –porque la relación establecida lo permite- en torno a temas personales. En éstas conversaciones, por tendencia, no se extienden tanto como lo podría hacer un latinoamericano (son más escuetos, aunque no por ello, más reservados).

Si entran en conversaciones personales, no se incomodan, ni se irritarán por hacerlo, porque hablar de temas íntimos o privados no es considerado socialmente como tema tabú, sobre todo, cuando dichas conversaciones se quieran compartir de forma voluntaria.

No suelen utilizar sus hogares como espacios de trato social, por tanto no es común que reciban ni inviten visitas. Su casa suele ser un espacio con connotaciones de lugar muy “privado” e “intimo”, pero el hecho, que por lo general, no interactúen socialmente en este su espacio reservado, no quiere decir que no estén verdaderamente interesados en sus relaciones de amistad ni las consideren importantes.

Por tanto, nuestro protagonista no tiene de que preocuparse porque ya está participando de la construcción de relaciones interculturales, y gracias a ellas, verá más evidenciado los patrones culturales de su propia cultura, y los de las demás culturas, y si es abierto conseguirá ampliar su mundo de significados, y de acciones. 

 
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