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Qué viva la comida y la gente mixta! PDF Imprimir E-Mail

Soy ecuatoriana. Me casé hace años con un español. Su padres y hermanas son buenas personas, y nos llevamos todos muy bien. Pero su familia, en mi opinión es muy cerrada. Menos mal él no es así, si lo fuera, no estaríamos casados, porque yo no lo podría soporta. Javi, come de todo. Lo que conoce y desconoce, y es feliz, como yo, de probar nuevos sabores. Incluso en nuestro hogar hacemos comidas mixtas, mezclamos platos de aquí y de mi país.  

Su familia es diferente. Es incapaz de comer algo diferente. Cuando vienen a casa, apenas prueban algún alimento que yo les haya preparado originario de mi país, y si prueban algo, lo hacen con prevención. Siempre me preguntan lo que lleva la comida, como pareciendo interesados, pero nunca me dicen si les gusta, ni me preguntan nada, por ejemplo, con qué se acompaña, cuándo se come, a qué hora, en qué situaciones o festividades. Nada.

En cambio, cuando vamos a sus casas, hablan horas y horas sobre sus comidas, y se ufanan del hecho de que a mí me gusten todos sus platos, porque mi actitud les corrobora su opinión acerca de que su "comida es la mejor del mundo". Y es cierto, que en términos generales me gusta casi todo, pero eso es así porque yo misma me exijo ser muy flexible y probar cosas de muchas partes. También tiene mucho que ver el hecho, que en mi país es de buena educación comerse lo que te ofrecen, o al menos probarlo. Y si no es de tu agrado, debes callarlo, y jamás decir que esta malo, o que no te gusta, para no herir la sensibilidad y ser desagradecido con la amabilidad de quien lo ha preparado e invitado a compartirlo.Yo sigo ese modo de actuar porque aún comparto ese principio de ser agradecido con quien de manera generosa comparte conmigo su comida. Pero creo que deberia cambiar de forma de pensar, o de actitud, es decir, decirle a mi familia política, que me gustaría tener el mismo trato que doy.

Por otra parte, soy consciente que en mi país también hay mucha gente igual de cerrada, y que piensa que lo único bueno para comer es lo ecuatoriano, empezando por mi familia, que nunca ha salido a ningún lugar diferente, sino sólo ha viajado dentro del mismo país. Como también soy consciente que mucha gente ecuatoriana que vive en España, no se termina de abrir a lo que se come aquí, o a lo que se come en otros lados con este mismo argumento cerrado. Y eso lo veo muy mal.

En fin… que también sé de gente, que volviéndonos flexibles, como Javi y yo, nos sienta fatal el rechazo de los demás sobre lo nuestro, porque nos sentimos menospreciados, poco queridos y poco valorados. Menos mal que cada vez hay más gente abierta, y más posibilidades de comer platos mixtos!!!!!!!!  

Este relato es muy importante porque nos lleva a reflexionar como la facultad humana del gusto se encuentra totalmente influenciada por la cultura, y cómo lo cultural nos afecta para que determinados sabores o contenidos de los alimentos nos llame la atención comerlos, o nos produzcan sensación de rechazo. Y es que aunque en principio, todos y todas seamos capaces de digerir todo tipo de carnes y de vegetales, sólo tenemos aceptación por aquellas comidas a las que estamos acostumbrados por familiaridad, es decir, por aquellos alimentos sobre los que se nos ha trasmitido, y nosotros al igual hemos reproducido, que son comestibles, saludables, necesarios y de paso exquisitos.  

También nos pone a meditar este relato acerca de que no existe persona alguna que no se sienta orgullosa de los platos típicos de la cultura donde se ha socializado y de los ingredientes autóctonos o adquiridos (aunque no exista conciencia de esto último) que llevan sus comidas.

Al igual, nos hace pensar acerca del hecho que cada quien parte del supuesto, que la forma de comer, de clasificar los ingredientes y de preparar los alimentos en su cultura, es la manera más natural y adecuada del mundo entero. Nadie se imagina que lo que para ciertas personas es un auténtico deleite, para otros puede ser incomible dentro de su propio esquema.

Y si a eso le sumamos los hábitos alimenticios y los rituales que acompañan dichas costumbres, pues nos encontramos ante la suma de más patrones condicionados por la cultura a la que se pertenece. De estas reflexiones que conclusiones se pueden sacar:

·         Que no existe en realidad ni mejores ni peores gustos alimenticios, ni comidas.

·         Que ampliar los gustos para gozar del auténtico patrimonio gastronómico de la humanidad pasa por abrirse a nuevos sabores y texturas, dejando a un lado el tufo etnocéntrico de pensar que lo propio es lo mejor, y que por lo tanto,  debe ser lo común para todos y todas.

·         Que no se puede tampoco generalizar gustos alimenticios en todos los miembros de una misma cultura.

·         Que las preferencias, gustos o aversiones por los alimentos tiene que ver con patrones sociales, espaciotemporales, históricos, climáticos, y que ninguno es estático sino dinámicos y cambiantes.

·         Que la alimentación es un identificador y un elemento cohesionador social, pero que también puede ser un diferenciador cultural, sobre todo cuando existe la idea que las comidas de algunas culturas son más prestigiosas que otras por la idea de superioridad de algunas culturas sobre otras.

Respecto a aquellos patrones culturales de este relato que la protagonista menciona como factores propios de la educación, la cortesía, la solidaridad y la tolerancia propia de su cultura (comer por educación lo que otros le ofrecen), debemos decir que para éstos casos es que hay que hacer uso de la metacomunicación, es decir, de la explicación sobre el conocido de las actitudes y de las posturas que acompañan dicha vivencia respecto a las invitaciones a comer. De esa manera, la protagonista de este relato hacen saber a los demás sobre las verdaderas razones de su forma de actuación, de manera que los demás no se hagan falsas ideas, aunque sigue actuando de la misma forma como le parece bien proceder (comer por educación lo que le ofrecen).

De igual manera la familia política de nuestra protagonista, puede explicar, no el por qué de su proceder (que ya lo hemos analizado antes de manera genérica), sino explicar si el mismo  es admisible o inadmisible en su propia cultura, para que así ella lo vea como habitual ante cualquier comida desconocida, y no lo personalice en ella,  de manera que no menoscabe la relación con la familia de su pareja.           

 
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