AcuerdoIntercultural - Reflexiones sobre Claves Culturales Latinoamericanas
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Reflexiones sobre Claves Culturales Latinoamericanas PDF Imprimir E-Mail

Por, Gabriela Pía Jorquera.

Chilena. Licenciada en Trabajo Social. Doctorando en Ciencias Humanas y Sociales - Universidad Pontificia de Comillas de Madrid. Miembra Fundadora de Acuerdo Intercultural.

No tenemos algo así como una identidad uniforme y homogénea. Nuestras identidades parecen estar formadas de retazos, de capas distintas, de tensiones y de contradicciones. Procedentes de países (relativamente) recientes, el tema de nuestra identidad es el tema por excelencia, una especie de adicción: somos patriotas en un sentido único. 

 Fuimos forjados en la adoración al país que podemos llamar nuestro; cantamos hasta el hartazgo los himnos nacionales, vivimos inundados de emblemas que loan (o se burlan) nuestra identidad. No entendemos Patria (con toda la mayúscula posible) en el sentido de Gobiernos, de estructuras, ni siquiera como paisajes, sino como valor abstracto, una especie de loco amor por ser quienes somos, aunque no tengamos claro cuáles son los contenidos de lo que somos. Incluso siendo críticos con lo que somos.   

Amamos nuestras tierras y nuestras gentes... y sin embargo nos percibimos como problema: nuestra situación siempre es profundamente problemática: somos un drama permanente. Y en un contexto que nunca nos es favorable, nos vemos como sobrevivientes; los lazos de solidaridad que caracterizan nuestra forma de relacionarnos se afirman en la constatación de aquí es más fácil resistir a nuestras circunstancias imposibles: desde los desastres climáticos a los desastres políticos y económicos... La virtud del maldito: siempre estamos mal, pero nos queda energía para el carnaval, la rumba, el chiste fácil, el guiso de sobras.   

Y mejor acompañados, aunque sea mal acompañados, que solos. Somos gregarios por naturaleza. El individualismo (que por cercanía atribuimos a una serie de cosas horrendas muy características de este mundo enfermo: consumismo, capitalismo, individualismo, neoliberalismo...) no ha logrado penetrar tan profundamente en nuestra idea de lo que somos, porque somos aún fuertemente un ‘nosotros’. Y el aún, es porque todavía está por verse, si este rasgo es perenne en nosotros, o si efectivamente nos globalizaremos a las formas más individualistas de funcionamiento social.  

Tenemos la percepción de que somos generosos, solidarios y gregarios... pero tal vez estamos dejando de serlo. Queda la pregunta por la permanencia de nuestros lazos de confianza y cooperación social.  En este marco, esta la importancia de la familia; tenemos mucho más cerca el recuerdo de una familia proveedora total de las necesidades de sus miembros: dos o tres generaciones atrás cuando la escolarización no estaba tan extendida, y la familia era fuente de cuasi todo en esta vida... mantenemos (y también es un proceso en cambio) las formas familiares de relacionarnos de antaño: el respeto a los mayores, el cuidado a los niños, las formas más bien machistas de relación entre hombres y mujeres...  

La familia en Latinoamérica tiene una importancia capital... y nuevamente, están por verse los impactos propios de la tan comentada modernidad: disminuye el número de hijos (disminuye por tantos las redes de apoyo), se alarga la vida de los mayores (proceso en ciernes aún si miramos la región al completo) etc. Somos muy distintos, y también muy parecidos: las regiones andinas de distintos países comparten formas y culturas en mayor cantidad y cualidad quizás que con otras del mismo país. Y quien dice andino dice caribeños, costeños, etc. Las zonas rurales comparten la misma trágica situación en muchos de los países. Las ciudades tienen características que comparten todas las urbes... pero todo esto es extensible a otras latitudes... a otras culturas que parecen tan diferentes pero con las que guardamos más similitudes de las que creemos...


  
 
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