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Supuestos Hipotéticos PDF Imprimir E-Mail

Por Andrea Kropman 

 

Uruguaya, Periodista.  

Pongamos que queremos ser inmigrantes, que en España no encontramos nuestro lugar aunque hayamos nacido y criado aquí, o que nuestras posibilidades de tener trabajo se reduzcan a cero,  o que nuestra familia sufre porque no alcanza a tener las necesidades básicas (comida, vivienda, educación), se nos ocurre migrar para encontrar “eso” que no hayamos en nuestro país.

 

Lo vemos muy claro, decidimos migrar hacía China que su economía se ha hecho tan fuerte en lo últimos años que nos atrae y nos seduce con sus oportunidades. Pero tenemos, no uno, sino varios problemas. El primero que vemos, que nos limita, no es el idioma raramente,  sino el control de fronteras que ha impuesto el gobierno a razón de la avalancha de inmigrantes principalmente ingleses y alemanes. Pero corremos con ventaja, ya que aún podemos viajar con visa de turista, no como a los anglos que les quitaron esa posibilidad!. Sin embargo, nuestros ojos redondos pueden ser una traba en el control fronterizo.

 Nos preparamos, viajes turísticos, dinero prestado, reservas de hotel y conocimientos suficientes sobre la cultura china. Llegamos y después de pasar con sudor en la frente por migración a causa de nuestro cabello castaño y nuestra nariz respingona, aliviamos tensión porque se llevan a un rubio demasiado alto. En el fondo pensamos “a este se le notaba a la legua que venía a quedarse… no iba a pasar por turista jamás.”

Pasamos las fronteras por los pelos, y ahí si descubrimos y nos arrepentimos de no haber hecho aquel cursillo de nociones básicas del idioma chino. No entendemos absolutamente nada, pero el idioma de los gestos es universal y con el tenemos nuestras primeras herramientas de comunicación.

 En el Hotel destendemos nuestros folios o agendas con los contactos de los compatriotas españoles y comenzamos a gastar las pelillas que pedimos prestadas a ese tío que llamamos por urgencias económicas. Uno a uno los compatriotas nos van aflojando las esperazas, y el versito repetido varia una y otra vez con diferente acento sevillano, asturiano, madrileño, pero en esencia todos comentan lo mismo:- Es muy difícil, no hay trabajo si no tenes papeles.

- Vivo con diez personas más no hay lugar, no entra ni un alfiler.

 

Las respuestas en temas de trabajo y vivienda son negativas. Así que nos vamos por la ciudad a conocer sus calles y recolectar información para esta nuestra nueva residencia. Hasta que llega la hora de la comida y en ese justo momento la angustia contenida de nuestro viaje se desata como un huracán. Comiendo arroz con dos palitos y unos trocitos de un animal desconocido. Primero surge el recuerdo de la tortilla y el jamón serrano. Luego la tormenta hace temblar nuestros ojos haciendo fluir por ellos un líquido salado y recordamos el mar en las playas asturianas. Los ojos rasgados nos miran de todas partes, y nos sentimos impuestos en una realidad surrealista  que todo es distinto y no somos nosotros que lo vivimos sino un ser que comienza a transformarse y que esta pasando por una metamorfosis un estado de cataclismo interno.

 Ahora somos inmigrantes y comenzamos un nuevo camino en el cuál nos sentiremos de por vida divididos. Divididos entre culturas, divididos entre gente, divididos entre sueños pero… lo dividido puede llegar a ser multiplicado.  
 
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