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Regáleme un Tinto PDF Imprimir E-Mail
Soy español. Trabajé en Colombia durante 5 años. Ese país me enamoró para siempre. Hoy la mitad de mi corazón lo ocupa España y la otra mitad Colombia. Ambas mitades son igualmente valiosas. Mi anécdota es inversa. Porque sucedió en uno de mis cortos viajes a España desde Colombia. Yo ya hablaba por entonces el "idioma" colombiano. Y manejaba con alguna soltura sus expresiones. Un día me acerqué a un bar en España, sobre las 8 de la mañana, y le dije al camarero: "Por favor, ¿me regala un tintico?" Noté que el camarero me miraba sorprendido, luego supe por qué. El camarero extrañado, me sirvió ..¡¡¡un vaso de vino tinto!!! y me dijo, "pero no se lo regalo, ¿eh?". Claro, en España un tinto es un vaso de vino, y "regalar", no es prestar, sino hacer un regalo. Y, naturalmente, el camarero me cobró el vaso de vino. Os podéis imaginar que ahí mismo, me reí para mis adentros. Pero me sentí satisfecho pues había traído aires de Colombia a España. José Antonio, "Tío Alberto

En este relato se evidencia que nuestro protagonista posee (aunque en este caso no las haya utilizado) unas habilidades importantes para la comunicación intercultural, que los expertos han denominado como una capacidad para la “negociación de los significados” y destreza para la “actuación comunicativa de acuerdo con las identidades culturales diferenciadas” (Chen y Starosta, 1996), aunque en este caso no las haya utilizado ni la comunicación haya resultado efectiva en relación a sus intenciones.

 

Es decir, el protagonista tiene conciencia que la palabra “tinto” tiene distinto significado dentro de las dos culturas. Sabe que la interpretación consensuada y aceptada por la mayoría acerca de un tinto, en un bar en España, es un vaso de vino tinto, y la que existe en Colombia, es un café, un solo, aunque hecho con más agua (algo así como un solo americano). También conoce los criterios de actuación comunicativa de cada cultura. Sabe que en Colombia se pide de manera cortés, diciendo, “por favor,  me regala un tinto”, y que incluso puede solicitar lo que le apetezca, mencionándolo en diminutivo, como en este caso: “un tintico”, y que en España, cortésmente se pide, diciendo: “póngame un café” .

 

Es claro que ha vuelto suyo (común para sí mismo) la lengua de ambas culturas (sus expresiones), aunque en esta oportunidad se le haya pasado aplicar lo que conoce de sobra que su propia cultura socializadora. Por último, vemos que si bien controla estas habilidades mencionadas (aunque no exactamente en este ejemplo) se satisface con comprender para sí mismo el malentendido, y no entra a hablar del sentido de su solicitud (metacomunicación) con el camarero. Tan no lo hace que termina con un vaso de vino tinto en la mesa (cuando quiere es un café), y deja al camarero, desconcertado en dos aspectos. Uno, con la solicitud de un tinto a las 8 de la mañana, que no es una hora muy usual para beber vino, pero sobretodo, con aquella expresión de “regáleme” que este asertivamente y por si acaso, entra a esclarecer, con la frase: “pero no se lo regalo, eh?”.

 


 
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