AcuerdoIntercultural - Two coffee
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Two coffee PDF Imprimir E-Mail

El año pasado una pareja de amigos españoles del barrio se fueron un fin de semana a Londres. Cuando volvieron, él contaba que les parecieron los ingleses muy suyos porque en los bares pasaban olímpicamente de ellos. En dos ocasiones entraron para tomar café, se sentaron y miraron a los ojos al camarero para pedirle: "Two Coffee", pero no se los trajeron sino después de hacer mucha mímica. Según, dijo él, "no lo hicieron por no hablar perfectamente inglés, porque son educados y de círculos muy cerrados, a los que invitan a entrar a los extraños, pero sin ceder ni un ápice de lo que ellos son". Mientras que en España, comparaba, “cualquier camarero se busca la vida para entenderle a los clientes extranjeros, atenderlos bien y que se sientan a gusto en sus establecimientos”. Bea.

 

Este relato nos ayuda para analizar un malentendido causado por la falta de competencia lingüística, y al tiempo, de competencia intercultural.

Respecto a la competencia lingüística, hay que decir que los camareros mencionados en este relato sólo hablan inglés (es su lengua materna en la que han sido socializados), los turistas que llegan a tomar café hablan en español (es su lengua materna en la que han sido socializados), y aunque tienen, por lo que se interpreta, unas nociones muy básicas de inglés, no llegan a comunicarse verdaderamente en una lengua común para ambas partes en la que puedan llegar a entenderse e  intercambiar acciones.

El desconocimiento de los códigos lingüísticos de cada idioma, de cada cultura, por parte de los interlocutores (en este caso de diferentes nacionalidades), hace que no sea posible que se dé una comunicación eficaz. Se interpreta en el relato que los camareros desconocen que los turistas (en este caso españoles) actúan de la manera como lo hacen, porque así están acostumbrados a hacerlo y es aceptado socialmente en el entorno de su cultura. Por tanto es lo habitual para ellos entrar a un establecimiento público y solicitar de manera informal, y sin mayores preámbulos: “Dos cafés” (que sería la traducción literal de “Two coffee”).

Al igual, se deduce, que los turistas, desconocen el modelo comunicativo que se utiliza en Londres, y que está estrechamente relacionado con su estilo de vida, es decir, que en ese entorno lo esperado es que la petición de café en un establecimiento público se haga de manera más formal (cortés), y algo más distante, tal y como se infiere por la estructura gramatical de esa lengua. Así que la expresión educada para hacer dicha solicitud, sería, algo así, traducido al español, como: “Hola o Buenos días, -Quisiéramos dos tazas de café, por favor?.   

Por lo deducido anteriormente,  podemos entonces pensar que los camareros no atendieron de inmediato a los turistas españoles, actuando a la defensiva, porque bajo su punto de vista, el comportamiento adoptado por los turistas fue de carácter maleducado. Así que quizá ni siquiera lo dejaron de hacer (no lo creemos, pero no lo podemos asegurar) porque los interlocutores no pronunciaran perfectamente el idioma inglés, o porque incurrieran en simples errores gramaticales.

También podríamos hacer un análisis de las distancias físicas que había entre los interlocutores: camareros-turistas, de la manera como se dio entre ellos la comunicación visual (forma como los turistas miraron a los ojos a los camareros y la distancia que había en ese momento entre ellos), el volumen de voz que se utilizó para realizar la solicitud, el ritmo de la pronunciación, etc., pero no tenemos los datos suficientes para hacerlo de forma que podamos sacar conclusiones que nos lleven a visualizar patrones culturales iguales o diferentes. No obstante, lo mencionamos porque es importante decir que cada aspecto puede influir (afectar de manera positiva o negativa la comunicación), y sumar nuevas causas de malentendidos, pues cada cultura tiene sus propios y particulares patrones visuales, auditivos, táctiles, etc., para cada ocasión, y éstos chocan cuando se encuentran culturas que no tienen estándares semejantes, o cuando alguna de las partes lo desconoce (como parece que sucedió en este relato).

Afortunadamente los turistas recurrieron al lenguaje de los gestos,  y lo debieron hacer muy bien, porque consiguieron con su mímica, llegar a establecer una tercera lengua común, por la que fueren entendidos y atendidos.

Por último, decir respecto a la comparación del relato: “los camareros españoles se buscan la vida para entenderles a los clientes extranjeros”,  que esta afirmación es muy común, que por lo general, todos los seres humanos comparamos nuestra cultura con otras, halagando la nuestra y denigrando las otras. Que esa actitud es natural y hasta la fecha la que se hace de forma más tradicional, dicen los expertos en comunicación intercultural, pero racionalmente hay que empezar a pensar que esta afirmación sólo será cierta verdaderamente, si los camareros españoles a los que se refiere el protagonista de este relato, tienen desarrolladas las competencias y habilidades interculturales que hemos visto que se necesitan cuando se atiende a extranjeros en un establecimiento público.  

 
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