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Soy Latinoamericano y algo más, no hispano ni sudamericano PDF Imprimir E-Mail

Soy Argentino, hijo de migrantes, mi padre tiene origen portugues, y mi madre, español. Durante infinidad de vacaciones de verano de la escuela secundaria donde trabajo como profesor de Historia, he realizado -mochila al hombro-, sendos circuitos por Sur y Centro América, con varios colegas de profesión. En ninguno de los países que visitamos, encontramos hasta ahora a alguien que no se denomine como "Latinoamericano". Sin embargo, durante el año sabático que viví en Europa (recorriendo los lugares de antaño de mis viejos), me encontré muy a disgusto por lo poco que en general se sabe de nosotros (muchos estereotipos y pocas realidades), y por como nos denominan (sobre todo en España): "Hispanos"... "Sudamericanos"... o "sudacas" que ya es una denominación con tono despreciativo. Creo que han olvidado, lo que si recuerda perfecto un profesor español de un buen amigo mío que hizo aquel año un master en cooperación internacional en Madrid: Que somos en realidad: "hispano-lusitano-ibero-franco-afro-latino-indo-americanos. Héctor    

 

En este relato aparecen aspectos muy importantes a destacar. Lo primero, es que las personas originarias del centro y del sur de América se denominan así mismas como Iberoamericanas (porque tienen en cuenta el influjo portugués y español en sus culturas), pero sobre todo, se autodefinen como Latinoamericanas (incluyendo o aceptando la influencia de Francia, Italia y Portugal en las mismas).  

Latinoamericano es un término usado comúnmente para definir la identidad cultural, y con tendencia a reproducirse, aunque nadie olvida cuando lo usa, que pese a compartir algunas similitudes culturales, cada Estado latinoamericano es totalmente diferente a los otros, debido a particulares variaciones lingüísticas, étnicas, sociales, políticas, económicas y climáticas, que hace que cada país y sus nacionales, sean vistos por los demás, y por sí mismos, como naciones aparte, como culturas diferentes. Como tampoco, nadie deja de lado el hecho, al denominarse como Latinoamericano, que no existe a la fecha una real unificación regional de los pueblos, aunque existan muchas iniciativas en marcha que tiendan a la construcción de organismos comunes que ayuden en dicha integración.

En fin, que lo importante es atender a lo que el protagonista de este relato subraya: que existe una conciencia común de un “nosotros” incluyente, sin que necesariamente se desconozca que el término “Latinoamericano” es controvertido para muchos sectores sociales de dichos países, porque deja de lado lo indigenista, además, de ser en esencia un término netamente eurocentrista.

Ver, mucho más acerca de ésta polémica, y sobre los países que constituye, y los que no constituyen Latinoamérica, en el siguiente enlace:

http://es.wikipedia.org/wiki/Am%C3%A9rica_Latina

En segundo lugar, este relato nos ayuda a constatar que es posible encontrar situaciones en que la forma de auto-denominación de una identidad cultural (latinoamericanos), choca con la forma en que otra cultura (la española) denominada esa identidad (“hispanos”, “sudamericanos” o “sudacas”). Y lo que es más complejo de esta controversia, es que la misma no esta dada por una diferencia cultural netamente, sino por una polémica que tiene sendas raíces  políticas, sociales y económicas.

“Hispano”, significa, derivado cultural o físicamente de España, es decir, un término con connotaciones colonizadoras y añoranzas de un pasado imperialista, con el que no existe ni remota identificación por parte de los latinoamericanos.

“Sudamericano” es un término únicamente referido a una situación geográfica vacía de contenido respecto a la identidad cultural.

Y “sudaca”, es una forma de denominación peyorativa, que por serlo, es en sí misma irrespetuosa de la dignidad cultural de los latinoamericanos.  

Para muchos de nuestros lectores virtuales quizá este debate se refiera sólo a una diferencia en la forma de utilización de los términos, y por tanto, pueden opinar que podría sugerirse a las partes el aprendizaje de la capacidad de “negociación de los significados”, pero no es así, estamos ante un caso diferente, en el que se demuestra con claridad que la lengua es un importante elemento diferenciador (…), y que la lengua se utiliza como un instrumento de poder (…). Ver, el análisis extendido de la Lengua como Poder en RODRIGO Miquel, "Comunicación Intercultural", Anthopos, 1999. Pág. 118

Para ilustrar un poco más esta última idea de la lengua como poder, recomendamos visitar el siguiente enlace, http://es.wikipedia.org/wiki/Hispano donde se hace un análisis de como el término “hispano” en los EE.UU (que incluye a los residente españoles en ese país) es intencionalmente racista.

Para terminar, volviendo a recobrar el sentido del relato de nuestro protagonista, es importante comprender y reconocer la cosmología del ser “latinoamericano” como identidad cultural estrechamente relacionada con la aceptación y constatación de la diversidad cultural, la hibridación y el mestizaje de los pueblos de dicho continente, y con una forma particular y diferente (no dependiente) de desarrollo social, humano, mítico y simbólico de éstas culturas.

Si antes el tema de la identidad latinoamericana giraba para los expertos en la materia básicamente en dos líneas divergentes: Los que fijaban la misma en la solidez, arraigo y abolengo europeo, y la otra, los que acentuaban las diferencias y la especificidad de lo latinoamericano con respecto de Europa, ahora el debate es otro, gracias a autores recientes, tales como: Jesús Martín Barbero, Néstor García Canclini y otros muchos.  Es de destacer que éstos en su mayoría, coinciden en  hacer uso de una perspectiva transdiciplinaria, incorporando como eje central las comunicaciones.

Así, el rasgo característico de las culturas latinoamericanas es la pluriculturalidad. Gacía Canclini, dice en su libro “Culturas Híbridas”, Ed. Grijalbo, 1990 que, los países latinoamericanos son actualmente resultado de la sedimentación, yuxtaposición y entrecruzamiento de tradiciones indígenas (sobre todo en las áreas mesoamericana y andina), del hispanismo colonial católico y de las acciones políticas, educativas y comunicacionales modernas. Pese a los intentos de dar a la cultura de élite un perfil moderno, recluyendo lo indígena y lo colonial en sectores populares, un mestizaje interclasista ha generado formaciones híbridas en todos los estratos sociales. Página, 90.

 
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